Oda a la Rue de Chartres

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Para muchas, es una tarjeta Black Centurion pre-pagada y sin límites para pasar la tarde en Neiman Marcus. Para muchos, es un threesome con Salma Hayek y Megan Fox…

¿Para mí? Una mesita –de esquina y con ventana– en un restaurante al lado de la Catedral de St. Louis. La fantasía suprema.

 Así. Solita yo, con mi iPod, una libreta y un bolígrafo Bic Precise negro. Aunque en esta fantasía yo no llevaba el horripilante –pero suavecito– abrigo de vellocino gris de mi marido y una fiebre de 102 grados, sucedió tal como lo había deseado… El sol, alto sobre un cielo despejado, un grupo callejero tocaba un funeral de jazz para los turistas y mi almuerzo Cajun se enfriaba sobre la mesa porque yo no paraba de escribir (la que, seguramente, se convertirá en la próxima exitosa y sangrienta película de Robert Rodriguez o Quentin Tarantino).

Tras el golpetazo de perder mi trabajo, Dios (o el destino o la suerte, o el karma, o The Secret, o el Universo, el azar o David Hasselhoff) me regaló un viaje a la capital de los golpes, Nueva Orleáns.

 ¿Qué ciudad hay más abusada, golpeada, atropellada, orinada y vomitada que ésta, la que sigue siendo el rincón más interesante y hermoso que tiene Estados Unidos?

En la pintoresca urbe de Po’Boys, pobreza, cervezas de a tres por una, contables disfrazados de Lestat, alto índice de crimen, convenciones de piratas, vudú y diques derrumbados, encontré una muy necesaria distancia del encierro doméstico que me han impuesto mis queridos amigos, Freddie Mac y AIG.

Ahí sigue la ciudad de Nueva Orleáns, con su latido lento. Pese a las epidemias, la pobreza, las tormentas, inundaciones y los duelos. Pese al olvido, la corrupción, la apatía y la indiferencia…un castigado diamante entre la mugre en el sur. Sus letreros, en español y en francés, dan fe de su mestizaje y su esquizofrenia, sus batallas perdidas, sus glorias y fracasos. Sus esquinas siguen siendo melodiosas, su pasado turbio, sus callejuelas gastadas, tan apestosas como perfumadas, sus crímenes siguen siendo violentos.

Sus mansiones, decadentes y embrujadas no dejan de ser las más hermosas. Su esencia no deja de ser majestuosamente negra. Ella es la ciudad eterna.

One Response to “Oda a la Rue de Chartres”

  1. Carlos says:

    Nunca he ido a New Orleans. Me muero por visitar. Pero en este artículo he encontrado la descripción perfecta. Gracias Carolina por tan interesante artículo.

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