Crónica de unas caderas “impaired”

Hola otra vez y gracias por visitar mi rinconcito. Intento serle fiel a la promesa de mantener este invento al día, cuando sea posible, con algún pensamiento bonito o algún párrafo meditado. Sin embargo, de vez en cuando, permítanme alguna frivolidad porque es necesario para mantenerme al día con mis “super best friends” repartidos por varias ciudades del mundo, en Puerto Rico, Estados Unidos, Canadá, España, Argentina y Alemania.

Les cuento que estuvimos trabajando a full en la revista este mes. Cada día disfruto más de este trabajo y me entusiasma lo que hago.
Esta revista es un diamante. Trabajo con los seres más creativos (y exquisitamente dementes) del mundo en un edificio Art Deco amarillo al lado del mar y rodeado de los lugares más hermosos y “chic” de Miami Beach. ¡Qué mejor!
A veces, por obligación, toca asistir a fiestas que son el “hot ticket” de la playa, la más reciente, fue en Bongo’s y nuestra invitada de honor fue Shakira.
Llegamos como siempre, “fashionably late” a la fiesta y vale la pena destacar que, aún desde las afueras del American Airlines Arena, podías escucharle los pulmones a la Shaki. No fui a su concierto, ya había asistido a uno anteriormente, cuando estuvo de visita en Puerto Rico, antes de grabar su primer disco en inglés. Fue un concierto muy divertido aunque no me acostumbraba verla de rubia con este “look” a lo Barbie y ese remeneo que adoptó para caerle bien a los gringos, me pareció todo muy sangrón. Igualmente, su música es puro crazy glue y sus voz es privilegiada, como show woman es insuperable.
La fiesta fue una locura. La gente se apachurró como pudo en el segundo nivel de Bongo’s y casi no se podía caminar. Para colmo de males, un fotógrafo argentino que insistió en sacarme a bailar en medio de la multitud de gente apiñada porque en su cabeza no cabía la idea de que “¡sos una puertorriqueña que no sabe bailar salsa ni merengue!”. By the way, es muy gritón.
Así que, tuve que soportar que la gente me pisara la falda (mi favorita, muy a lo Roberto Cavalli) mientras me enredaba en un juego de manos tan elaborado que por poco caigo sentada al lado de un rapero con dientes de oro que me miró con pena. Al final, se convenció mi amigo. Soy tan pálida como tan tiesa, igual que mi padre. Si nos ves bailado, parecemos dos máquinas de lavar descarriladas.
A orgullo.

C

Leave a Reply